Vinicius y la desestabilización, por @elcarrildel2

Resuenan aún con fuerza aquellas palabras dichas por un destacado cofrade: “a nosotros lo que nos gusta es el fútbol”. Pues a fuer de ser sinceros, hay que contestar que visto lo que vemos a diario, no lo parece en absoluto.

Si les gustase el fútbol, llevarían días hablando de cinco de los últimos seis goles del Madrid, auténticas obras de arte de aquellos que fueron capaces de marcarlos y elaborarlos. De los que anotaron Valverde, Vinicius y Rodrygo frente al Mallorca en el último encuentro de Liga, y del de Valverde otra vez y Marco Asensio contra el Leipzig. (Sin olvidarnos por supuesto del balón de lujo que le pone Toni Kroos al mallorquín).

Cinco goles que justifican por si solos el precio de una entrada, y hasta una mal primera parte contra el equipo alemán, por más que dijese Ancelotti al final que era el guión establecido.

En cualquier caso, eso son detalles insignificantes para la sufrida cofradía. Lo único importante era hablar de los bailes de Vinicius tras marcar gol, como si fuese este jugador el que ha inventando ese tipo de celebraciones.

Ahora va a resultar que bailar tras un gol es una ofensa al contrario, mayormente si quien baila es jugador del Madrid. Tampoco debe extrañarnos tanto. Estamos en tiempo de ofendiditos. Que a Vinicius le peguen por todas partes partido tras partido va en su sueldo. Que celebre los goles con un baile es una falta de respeto, un insulto.

Ya están tardando los portavoces oficiales de las buenas costumbres en publicar la guía de “cómo celebrar un gol en un partido de fútbol”, para que no haya lugar a equívocos ni sorpresas. Y recriminación pública al que no lo cumpla, con sambenito y auto de fe incluidos.

No caigamos en la trampa. No hagamos caso a tanta estulticia. No demos pábulo al aguerrido grupo de antimadridistas que lo único que buscan es desviar al atención, generar nerviosismo e incertidumbre en los futbolistas y en los seguidores, tras ocho victorias en otros tantos encuentros.

Han creado el caldo de cultivo suficiente para que la gente se eche encima de Vinicius a la mínima ocasión, para que los colegiados se puedan sentir presionados por el estado de la cuestión, para que los contrarios puedan seguir sobrepasando el reglamento cada vez que Vinicius tenga el balón en sus pies.

Lo malo para ellos, y lo bueno para el madridismo, es que como manifesté en el último podcast de El Quinto Grande, es que Vinicius, a más de un excelso futbolista, es un líder, un jugador dispuesto a tirar del carro del equipo, a dar la cara, a no arrugarse ante nada ni ante nadie. Valga el ejemplo del último encuentro. No estaba resultando especialmente brillante su partido, pero no dejó de intentarlo hasta lograr en el minuto setenta y nueve que de sus botas y sus regates naciera el primer gol del Real Madrid, el que ponía el encuentro de cara a nuestros intereses.

El domingo hay derby. No parece que los especialistas en tirar la piedra y esconder la mano estén interesados en rebajar la tensión. Esperemos que no haya que lamentar males mayores.

Buenos días a todos. HALA MADRID.

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