Walter Oppenheimer y el coro de los grillos, por @elcarrildel2

Fue don Antonio Machado quien nos dejó advertidos del coro de los grillos, que cantaban, cantan y cantarán, por los siglos de los siglos, a la luna.

Sin venir a cuento, sin saber los motivos (aunque nos los podemos imaginar, más difícil es entender que un medio como El País le dé coartada) lanza su canto don Walter Oppenheimer a mayor gloria de Leo Messi (lo cual no es ni bueno ni malo, allá cada cual con sus filias y sus fobias).

Lo reprobable, lo zafio, lo vulgar, lo que descalifica al autor del artículo y le delata como un periodista menor, es que para ensalzar al Sr. Messi no tenga escrúpulos en pasar por el arco de la descalificación gratuita a otros futbolistas, gentes como don Alfredo Di Stefano, Cruyff, George Best o Cristiano Ronaldo, grandes y brillantes, históricos, gentes que deslumbraron a todos aquellos que les vieron jugar y que marcaron una época del deporte rey.

Con todo, quiero hoy y ahora centrarme en la que hace de Álvaro Arbeloa, un tipo que con todas las limitaciones que quiera don Walter, triunfó en España e Inglaterra, en el Real Madrid y en el Liverpool, que no son cualquier cosa, que acumula un palmarés de 2 Copas de Europa, 1 Campeonato del Mundo de Selecciones Nacionales, 1 Mundial de Clubes, 1 Supercopa de Europa, 1 Liga, 2 Copas del Rey, 1 Supercopa de España, y 2 Eurocopas de Selecciones Nacionales. Un total de once títulos, que no está nada mal para un futbolista al que el Sr. Oppenheimer califica de modesto. Jugar 238 partidos oficiales en el Madrid, 98 con el Liverpool, a más de enfundarse 56 veces la camiseta de España da idea de la importancia del jugador. Convendría que usted pensase mejor los adjetivos antes de utilizarlos.

Lo siento por usted Sr. Oppneheimer, pero lo rigurosamente cierto es que Arbeloa tiene en su haber un Campeonato del Mundo, título que no posee, hasta la fecha, el Sr. Messi. (Lo cual no me lleva a descalificar al futbolista del FC Barcelona, ni a ser tan necio como para menospreciar su aportación a su club y a la historia del fútbol, ni a reconocerle como uno de los más grandes de la historia).

Para debate patético el suyo, don Walter. Pretender afirmar a alguien a base de descalificar al resto es cuanto menos un recurso pobre, infantil, trasnochado y pasado de moda.

Cada cual tiene sus gestas y sus gestos. Unas y otros quedan para los anales, y califican y descalifican de manera conveniente a sus protagonistas. Porque todos conocemos a don Antonio, pero nadie se acuerda del coro de los grillos que, a su alrededor, cantaron a la luna en alguna columna de periódico.

Buenas tardes a todos. HALA MADRID.

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