Insultar está de moda, por @elcarrildel2

Han dado rienda suelta los cofrades a sus peores instintos. Así, don John Carlin te puede llamar miserable si no te has alegrado de la goleada del FC Barcelona al PSG, obviando todas las circunstancias que rodearon la misma. Añade que fue algo único, irrepetible y sublime. Además de faltar el respeto a millones de personas, se permite este caballero inglés la licencia de arrogarse la virtud de la profecía, al afirmar la “irrepetibilidad” de la acción.

Confunde Carlin el deseo con el merecimiento, en un ejercicio de cinismo y confusión mental digna de estudio en alguna institución respetable, y concluye que todos se alegraron, y aquellos que no lo hicimos solo podemos ser calificados de miserables y cutres. Para el caballerete, ese resultado tiene más valor que ganar la Copa de Europa, en un ejercicio de delirio y de alucinación desconocida en todos los siglos precedentes.

Realmente, es entendible la rabia incontenida de don John. Ya le gustaría a él tener detrás la historia y la grandeza del Madrid, con sus once títulos de Europa a cuestas, y esas gestas que han jalonado el devenir del Club más grande del mundo. Confunde los términos don John. La realidad es que la noche épica del FC Barcelona le agrada en la medida en que compite con las del Madrid, las últimas, por cierto, muy recientes. Y así, desea que gane la próxima Copa de Europa quién sea, el Barcelona, el Bayer, el Atlético mejor, admite…cualquiera con tal de que no la gane el Madrid. Nada nuevo bajo el sol. Estamos acostumbrados los madridistas a la mezquindad y a la pobreza de espíritu de muchos personajes.

Pudiéramos creer que la estulticia había llegado a su máxima expresión, pero una vez más se cumple aquella máxima de que la realidad supera la ficción. Unos días después, y de nuevo utilizando la tribuna de un periódico que quiere ser serio, viene a calificar una petición popular de bobada de bar de borrachos, a más de epidemia de enredada (por las redes sociales) imbecilidad.

Caretas al suelo, acabáramos, que diría el clásico. Ese es el fondo de la cuestión. Para caballeros como don John Carlin, somos los vulgares mortales una panda de imbéciles, que nos atrevemos a debatir sobre las cuestiones que nos de la gana, y además levantamos la voz para expresar nuestras ideas y pedir reparación si lo consideramos oportuno. Somos, según él, así de bobos, al punto de que la gente seria y de orden, con formación y estudios, nos debe llamar la atención y ponernos las peras al cuarto con sesudos y reflexivos artículos que nos marquen el camino y nos indiquen por dónde ir y por dónde no.

Para estos caballeros, la masa es inculta, siendo capaz únicamente de “enredarse” tras cualquier estulticia. La democracia, para ellos, está sobrevalorada, y de ahí su misión suprema de salvarnos de la tontería y de la estupidez que inunda nuestro triste devenir.

Dice el refrán que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Algunos tropiezan hasta más de dos veces, quizás debido a que su índice de animalidad sea superior. Quiso don John enredar a James Rodríguez en asuntos trascendentes de Colombia, se pegó de bruces con la realidad de Estados Unidos y sus elecciones, y también en artículos de fútbol es capaz de mear fuera del tiesto sin ruborizarse ni por un segundo.

Qué le vamos a hacer. Ya dice un amigo mío que la ignorancia es la madre de la desvergüenza. Y algunos, de ambas, saben muchísimo. Las llevan cultivando toda su vida.

Buenos días a todos. HALA MADRID.



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