¡Qué error, qué inmenso error!, por @elcarrildel2

Permitan traer a colación una frase que ha quedado en los anales de la historia y el periodismo españoles, para calificar de manera debida, y creo que ajustada, lo ocurrido el pasado domingo con un error de un árbitro de fútbol de nuestra primera división.

Fíjense si el error habrá sido mayúsculo, que toda la cofradía, como un solo hombre, prietas las filas e impasibles los ademanes, llevan cuarenta y ocho horas clamando contra el mismo, elevando sus gritos al cielo, haciéndose cruces y preguntándose los motivos por los que el ojo de halcón, el var…y toda la demás tecnología existente o en vías de invención no estaba situada en ese campo donde no se dio por válido un gol.

El fallo es imperdonable, irredimible. El árbitro a la nevera por siempre jamás, a pesar de las palabras de don Victoriano Sánchez Arminio, el mismo al que nadie llama cuando de perjuicios claros y manifiestos a otros, por ejemplo al Real Madrid, se trata.

Ahora resulta que todos aquellos que han echado pestes contra la tecnología, y que hablan de los árbitros humanos cuando se equivocan en contra de algunos, aunque los errores sean siempre de los mismos y en el mismo sentido, quieren organizar un auto de fe en la plaza pública, con sus sambenitos y sus antorchas y sus piras y sus fuegos, y la exhibición pública hasta el hartazgo de los causantes.

Y ahí están, cuarenta y ocho horas llevan emitiendo imágenes, y lecturas de labios, y analizando gestos, y escribiendo editoriales, y abundando en cualquier otra circunstancia que contribuya a que el escarnio alcance límites desconocidos en el panorama del fútbol patrio.

Son estos apóstoles del escándalo y la incomprensión los mismos que, partido tras partido, semana tras semana, temporada tras temporada, miran para otro lado ante otras situaciones, sin duda de mayor enjundia y trascendencia, que tienen enfangado el fútbol patrio. Al parecer, estos caballeros, quizás debido a que, según confesión propia, solo les gusta hablar del juego, no se han enterado de nada.

Hace ya bastantes semanas que escribí que el arbitraje español había tocado fondo, y que se antojaba muy difícil de comprender que tantos errores por parte de los señores colegiados se produjesen con tanta reiteración, sin que nadie, excepto diversas páginas webs, levantase la voz para denunciarlo.

Ha sido suficiente un error en el sentido contrario a las agujas del reloj, para que la hidra de las siete cabezas haya despertado de su plancentero sueño de décadas a la derecha del padre, y ahora a todos les parezca que el fútbol español no se merece ese aliento fétido del tan socorrido recurso al error humano.

Bienvenido sea el VAR, y el Ojo de Halcón, y todo aquello que contribuya a minimizar la equivocación humana y el error de la decisión instantánea. Lo que no cuela es la repentina conversión de todos aquellos que tantas veces han mirado para otro lado, comprendiendo y justificando, arropando y animando, negando la mayor sin importarles el juego y la competición, únicamente movidos por sus intereses particulares, sus filias y sus fobias.

Buenas tardes a todos. HALA MADRID.



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