La Crónica. Real Madrid 3-1 PSG. Cabalgamos juntos, por @elcarrildel2

El Real Madrid se ha impuesto (3-1) al PSG, en el partido de vuelta de los octavos de final de la Champions, disputado en el Estadio Santiago Bernabéu, con presencia de 60.095 espectadores.

Decía el tifo previo al partido que “somos los reyes de Europa”. Verdad meridiana. Hoy, en una nueva noche mágica, inolvidable, de las que ya están en la memoria colectiva y en la de cada uno de los madridistas, el Madrid fue capaz de dar la vuelta a un encuentro y a una eliminatoria que se nos había puesto 0-2.

Llevó el PSG peligro ¡Mbappe es un futbolista enorme!, en la primera parte. Llegaría su gol en el minuto 38. Antes, Courtois intervino con acierto en dos acciones del siete parisino, que vio además anulados otras dos dianas por fuera de juego.

Reaccionó Ancelotti al dominio del PSG introduciendo a Camavinga y Rodrygo en el minuto 56, por Kroos y un Asensio desdibujado toda la noche.

Notó el medio campo madridista el empuje del mediocampista francés. En el 61, Benzema corrió a presionar a Donnarumma, que despejó de mala manera. El balón le llegó a Vinicius, que lo controló y devolvió a Karim para que este marcase el gol del empate.

El tanto supuso un cambio de roles. El Madrid se fue a por el partido como solo él sabe hacer en las noches de champions. Al PSG le comenzaron a temblar las piernas. Vinicius pudo marcar el segundo en el 72, pero su disparo, a bocajarro, se marchó por encima del larguero.

Karim no falló en el 75. Modric corrió cincuenta metros con el balón pegado al pie. Habilitó a Vinicius, que le devolvió el esférico. El croata se inventó un pase de precisión para Benzema, que a la media vuelta, chutó con su derecha para que el balón besase la red por segunda vez.

El Santiago Bernabéu se vino abajo. Hacia mucho tiempo que no vivíamos una noche mágica, plena de emoción y de vibraciones positivas. Todo ese estado de ánimo colectivo culminó en el minuto 77. Robo de Rodrygo para que Benzema culminase su hat trick particular, la remontada del equipo y agrandase aún más si cabe la leyenda del Madrid, de los noventa minuti molto longos del Bernabéu y de las noches mágicas de la Copa de Europa.

El PSG estaba noqueado, todo su aparente poderío había quedado disuelto como un azucarillo en un vaso de agua. Nadie fue capaz de tocar a rebato para intentar hacer frente al empuje de un Real Madrid que explicaba a todo el mundo el significado auténtico, verdadero, profundo, de ese tifo del inicio que nos proclamaba “reyes de Europa”.

Noventa y cuatro minutos duró el encuentro. Finalizado el mismo (no pasa nada por reconocer que a todos se nos escapó alguna lágrima en algún momento del partido), se produjo algo realmente bellísimo. Nadie se movía de su asiento. Nadie quería que terminase esa media hora final. Nadie quería dar por finalizado un partido que ya está en los anales de las grandes noches del Real Madrid. Los jugadores, a más de Ancelotti y su cuerpo técnico, saludaron a un graderío enardecido, emocionado, agradecido al esfuerzo de los nuestros, a su explicación de lo que significa vestir esa camiseta y ese escudo.

Enhorabuena. Hoy todos cabalgamos juntos, hoy todos fuimos uno. Y cuando eso ocurre, somos imparables.

Buenos días a todos. HALA MADRID.

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