El miedo nunca fue buen consejero, por @elcarrildel2

Cuando Zinedine Zidane anunció la alineación del Real Madrid para el clásico, sorprendió a todos el entrenador francés con la presencia de Kovacic en el equipo titular. Parecía todo un síntoma. Para nuestra desgracia, nuestros peores augurios se confirmaron durante el partido.

Veníamos de ver un juego rápido y vistoso, con Asensio en una banda y Lucas Vázquez en la otra. En lugar de insistir por esa vía, optó Zidane por cambiar el dibujo. Vuelta al doble pivote, ese que nunca fue amigo del juego vertical y fluido, y sí de lo que algunos conocen como el fútbol siderúrgico.

Y mira que decíamos, ya desde hace unos cuantos partidos, que el Madrid de este año abusaba del pase horizontal y de la falta de profundidad. Quizás de ahí es de donde deriva la enorme dificultad para filtrar pases de los tres cuartos del campo hacia adelante, lo que se conoce como el último pase.

En definitiva, creo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que a Zidane, de cara al clásico, le dio un ataque de miedo. No parecía que el medio del campo contrario, en el que aparecían futbolistas como Busquets o Iniesta, incluso Rakitic, que no se distinguen por su velocidad, justificase tanta cautela.

Con ella, la iniciativa se la dimos al contrario. Más disimulada en el primer tiempo, en el que Kovacic estuvo más adelantado, totalmente indisimulada en la segunda mitad. El croata anduvo entonces perdido por el campo. Dejó una autopista a Rakitic para el cero a uno, rematado por un Suárez que entró absolutamente solo por la banda izquierda, de la que estaba ausente Carvajal. Se mostró hiperactivo el pepinero, y sabido es que cuando eso ocurre el desorden táctico del Madrid se acrecienta.

Otro síntoma de por dónde transcurrió el partido: el mejor del Madrid fue Keylor Navas, que sacó varios balones de enorme compromiso, de esos que llevan marchamo de gol. Sin duda, se ha reivindicado el tico, ahora que crecen los rumores sobre incorporación de guardametas al equipo.

Llegados a este resultado, el liderato de la liga queda a catorce puntos, con diecinueve jornadas por delante, y una average particular claramente desfavorable. Remontar la misma se antoja una labor titánica, por mucho que todos nos acordemos de aquel clavo ardiendo de hace unas temporadas. Seguramente debido a que lo malo no es perder, sino la sensación de incapacidad de que ha dejado el equipo.

Situados en este punto, y con la decepción golpeándonos de manera absoluta, me atrevo a pedir tranquilidad. El último nefasto partido de este 2017 no puede empañar un gran año para el Club, en el que se han conseguido cinco títulos.

Eso sí, no nos durmamos en los laureles, no hagamos del panegírico gratuito ni de la complacencia simplona bandera. Visto lo de hoy, no queda otra que exigir a Zidane y a todos los jugadores un cambio radical de actitud sin demora ni excusas. Sabido es que en el fútbol, como en casi todo, se vive al día, y que los títulos pasados sirven para el museo, pero no para el partido siguiente.

Buenas tardes a todos. HALA MADRID.



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