La cláusula del miedo y el señorío, por @elcarrildel2

Hablaba hace unos días de la famosa y, desde mi punto de vista, mal denominada «cláusula del miedo», ahora que nos visita la Real Sociedad con Martín Odegaard en un momento de forma espléndido.

Creo que en este asunto, como en tantos otros, el Real Madrid se ha dejado llevar por el qué dirán y por las apariencias, más que por el interés deportivo de nuestro equipo. En este sentido, hay que traer a colación a ese grupo de cofrades distinguidos que peroran sin parar sobre el tan manido señorío del Madrid, que ellos interpretan a su manera, bajo el prisma de sus intereses, deformando lo que ha sido a lo largo de ya tantos años, y lo que debería seguir siendo.

Confunden estos cofrades, con aviesa intención y manifiesto ánimo perturbador, el señorío con poner la otra mejilla, con decir a todo que sí, con admitir sin la más mínima queja los mil y un atropellos a los que nos hemos visto sometidos en los últimos tiempos. Según ellos, la manta del señorío debe servir para tapar bajo ella todos los agravios y menosprecios que sufra el Club.

No es este asunto nada nuevo. Ocurren desde los tiempos de don Santiago. La diferencia es que en determinados periodos de nuestra hisotria se alzaba la voz de manera contundente. En estos presentes, por aquello de la denominada «corrección política», se tolera, se calla, se pasa de puntillas…apenas unas palabras de Emilio Butragueño cuando el desmán ha sido demasiado mayúsculo como para ocultarlo y pasar de largo por él.

Ningún señorío mayor que defender de manera rotunda los intereses del Club, haciendo oír la voz, clara, contundente, poderosa de su posición ante las injusticias y los atropellos. Si los colegiados se equivocan, hay que decirlo alto y claro, y exigir soluciones y reparación a los daños causados. Cierto que los árbitros son humanos, tanto como que son profesionales, y por lo mismo no exentos de responsabilidad. Aquel que no sea capaz de desarrollar su trabajo de manera eficiente, debe ser despedido de manera inmediata, fulminante.

Achacar los reiterados errores de determinados trencillas a factores exógenos es inadmisible. Los árbitros, como todos nosotros, somos responsables de nuestras actuaciones profesionales. Y aquí, como en todo lo demás, debe prevalecer el criterio de premiar a los buenos y penalizar a los malos.

No es de recibo que en los tiempos presentes, con el VAR actuando, se cometan tropelías como las que hemos podido observar en algunos de los encuentros jugados por el Real Madrid. Acciones como la expulsión de Modric o la mano del defensor del Betis no pueden ser pasadas por alto bajo ningún concepto.

En estas circunstancias, vuelve el sábado la liga al Bernabéu. Con González González sobre el campo, y Gil Manzano en el VAR. Y con Martin Odegaard en las filas donostiarras. Esperemos que su presencia en el equipo no sirva a los falsos defensores del señorío del Madrid para un nuevo escarnio a nuestros colores.

Buenas noches a todos. HALA MADRID.

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