In Memoriam, Goyo Benito, por @elcarrildel2

Hoy al mediodía nos llegaba la noticia del fallecimiento de Gregorio Benito Rubio, sin duda uno de los más grandes de nuestra ya dilatada historia. Natural del Puente del Arzobispo, una localidad de apenas 1.250 habitantes, de tradición ceramista, en tierras castellanas de Toledo ya pegadas a las extremeñas de Cáceres, siempre fue  Goyo fiel reflejo de su tierra: el carácter adusto y seco, la mirada limpia, el corazón noble y grande.  

Había nacido en 1946, concretamente el 21 de octubre. Sus cualidades le llevaron a la cantera del Madrid, a la que llegaría con 16 años. No sería hasta siete después, tras pasar dos años cedido en el Rayo Vallecano, cuando se incorporó a la primera plantilla, en la que permanecería trece temporadas, esto es, 1982.

Tuvo la enorme fortuna de compartir vestuario con madridistas tan insignes como Santillana, Camacho o Juanito, con los que tomó el relevo del llamado Madrid ye-yé.

Sentó cátedra tanto dentro del terreno de juego como fuera de él. Fue un central de su época, duro, sufridor, portento físico, valiente y decidido como ninguno, siempre yendo de frente y sin rehuir el choque bajo ninguna circunstancia, sufrió multitud de percances físicos, mientras él se jactaba a menudo de – a pesar de su fama de defensa implacable (los aficionados cantábamos en las gradas aquel inolvidable “Benito saca el hacha”) -, no haber lesionado jamás a ningún contrario.

Debutó en Liga un 27 de octubre, enfrentándose en el ya desaparecido Estadio de Atocha, de San Sebastián, a la Real Sociedad.

Le tocó atravesar a Goyo Benito un tramo importante de la travesía del desierto europeo del Madrid. Igualmente, el fallecimiento en 1973 de don Santiago Bernabéu. No sería lo mismo en las competiciones domésticas. Nada menos que en once títulos participó el jugador.

En 1979, recibió la Laureada del Real Madrid, siendo el segundo jugador de la historia, tras Pirri, en recibirla. Eran aquellos unos tiempos en los que el sentimiento tenía aún mucho peso, y el orgullo de lucir la Laureada del Madrid no tenía precio.

Una de sus múltiples lesiones le impidió formar parte del equipo que disputó la final de la Copa de Europa de 1981, en París, ante el Liverpool, que perdimos por un gol a cero. Se echó mucho de menos a Goyo, a pesar de no tener nada que reprochar a los que jugaron aquel día.

Disputó Benito 420 partidos oficiales, a más de 99 amistosos. Conquistó once títulos: seis ligas y cinco copas de España.

El Alzheimer le puso, hace ya unos años, una zancadilla de la que no pudo zafarse. Hoy, a los 73 años, se ha marchado para siempre. Descanse en paz Gregorio Benito Rubio, uno de los nuestros.

Buenas tardes a todos. HALA MADRID.

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