El VAR, los penaltis y los editoriales, por @elcarrildel2

Andaban tranquilos los editorialistas, durmiendo el sueño de los satisfechos, así como entre ausentes y despistados, cuando dos penaltis señalados a favor del Madrid los ha despertado de su letargo, de su dejar pasar las jornadas de la liga sin nada que decir, todo OK José Luis.

Pero chico, fue señalar la primera pena máxima (que transformó, por cierto, Karim Benzema, veinte goles ya esta temporada), y se pusieron en guardia. Como la mano del defensor granota resultó clara, meridiana, indiscutible, parecieron tranquilizarse un tanto. Volvieron al relax con el gol del empate local. ¡Se hace justicia!, clamaron, como si el fútbol, el deporte, la vida, fuera una cuestión a dirimir desde ese ángulo.

Apretaba el Levante. Había vuelto el Madrid a las andadas de los segundos tiempos perezosos, cansinos, esperando atrás y mirando la posibilidad de algún contragolpe. Los tuvo Vinicius, lástima que no culminara ninguno en gol. La suerte, la buena, volvía a estar de nuestro lado. Los postes también juegan. Una ocasión hubo, en el minuto 43, en que Courtois desvió el tiro del delantero con la mirada. ¡Qué tiempos aquellos en que toda la cofradía celebraba estos lances con alegría incontenida!

Así llegamos al minuto 75. Casemiro cae en el área pequeña. El colegiado osa pitar penalti. El VAR lo ratifica. Bale dispara. Gol del Madrid. Para entonces, las alarmas ya se habían disparado en todo el mundo mundial. Los cofrades, todos a una, se echaron a las redacciones de televisiones, radios y periódicos, para denunciar el funcionamiento del VAR, ese artilugio que nos quita la magia del juego, la ilusión del fútbol, la grandeza del error que siempre beneficia al mismo.

Los mismos que no habían escrito una sola línea sobre patadas al césped que se convierten en penaltis, o que se habían reído a carcajadas con esas penas máximas que no se ven pero que son, en ingeniosa frase del emperador de la gracia y el chiste fácil, se quedaron sin tinta y sin papel ante el penalti a Casemiro. Se secaron gargantas tras gritar la injusticia, volvieron a rodar las bolas calientes y frías, las Copas de Europa en blanco y negro, las banderas al viento, las rutas imperiales y los impasibles ademanes.

Con estos precedentes alarmantes entramos en ocho días decisivos para el devenir de la temporada. Al fondo, el FC Barcelona, por partida doble, y el Ajax de Amsterdam. Una final de Copa del Rey a la vista, así como unos cuartos de final de Champions League. Alguno no se ha cortado. Si Zidane había empatado en La Roda, Solari no le ha ganado a nadie en el Castilla nos dice. Es toda una declaración de intenciones. ¡Caminos similares, vidas paralelas! ¡Dios no lo quiera!, jalean a quien quiera escuchar sus diatribas.

Ese es el asunto de fondo. Cunde el miedo en todo ese grupo de abigarrados cofrades antimadridistas, incapaces de entender la capacidad de triunfo y permanencia del Madrid. Un equipo mediocre, que no juega a nada desde hace tantos años, pero que temporada tras temporada es capaz de quedar por encima de los que inventan el fútbol cada minuto de cada partido, de los que cada gol que marcan queda para los anales pues nunca antes se había visto nada igual, de aquellos a los que un triunfo asciende al paraíso, aunque luego pierdan todos los partidos grandes y definitivos.

En fin damas y caballeros, que por más suerte que desgracia, ya hemos vivido más situaciones como esta. Me temo que no queda mucho para que los de siempre saquen a pasear el señorío del Madrid. Al tiempo.

Buenos días a todos. HALA MADRID.

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