De agravios, rabietas y desvaríos, por @elcarrildel2

Inasequible a cualquier desaliento, el cofrade aburrido y monotema aprovecha hasta el último minuto del último partido de la temporada para lanzar sus invectivas en contra de Florentino Pérez y del Real Madrid. Nada que nos extrañe a estas alturas.

Algunos hace mucho tiempo que confundieron la historia con su historia, y la verdad con su verdad, que además, hijos de su época, la creen eterna. Se quedaron anclados en los tiempos pretéritos y el discurso unidireccional, y se piensan que 2.0 es un resultado de un partido de cualquier liga de las que en el mundo se juegan todas las semanas. Igual se oponen al VAR, que a los cambios en las competiciones europeas, que a la modernización del Santiago Bernabéu. Son esos personajes, por desgracia tan habituales, del no a todo, excepto a ellos mismos.

Afirman, sin ningún rubor, ser portadores de las esencias, y ya hasta se atreven a dar carnets de madridismo. Nada que nos deba extrañar, pues llevan años dando los de cualquier cosa, otorgando bendiciones o maldiciones a su buen capricho, momentáneo antojo, o particular interés.

El cofrade aburrido y monotema, encaramado a su tribuna, nos alecciona día a día sobre el manual del buen madridista. Él dicta sentencias definitivas sobre qué vale y qué no, quién es digno de elogio y quién de castigo. Según apunte su pulgar, como Nerón en el Coliseo romano, serán ungidos unos por la gloria y condenados otros por la mayor de las iniquidades.

Que Toni Kroos amplía su contrato, pergeñemos con carácter de urgencia una historia cualquiera, cuatro párrafos con gracietas varias, aderezados con una «encuesta» de esas científicas que tanto le gustan a los amigos del dislate y la confusión, y ya luego vendrán detrás los encargados de colgar los sambenitos y organizar los autos de fe.

Paradójico resulta que quien lleva más de tres décadas soltando sus amonestaciones escritas u orales, de manera confusa y embrollada, acuse a algunos futbolistas del Madrid de estar muy vistos. Acaso se crea él transparente, a base de saber interpretar de manera magistral la capacidad de ponerse de lado.

Lo peor de todo es que nos queda todo un largo y cálido verano de agravios, rabietas y desvaríos. Las aguas, incluso algunas muy profundas, han empezado a moverse. Como saben de qué va esto, andan temerosos de que un movimiento inesperado los vuelva a pillar descolocados, ignorantes de la realidad, alejados de lo que interesa, vendiendo humo y amistades inexistentes en plantas nobles que hace mucho que no visitan, y que tanto echan de menos.

Estaremos atentos a los siguientes acontecimientos. Sean los que sean, los discursos y las sentencias de algunos ya están escritos. Dispararán sus obuses y pedirán que corra la sangre, así haya una revolución total, una renovación más o menos limitada, o sea el improbable inmovilismo el que nos ocupe. No valdrán los que vengan, se habrán quedado los que tenían que haber salido, y habrán salido los que merecían quedarse. Los mismos argumentos de siempre, los mismos comentarios ya tan manidos que aburren al más paciente. ¡Increible resulta que aun queden madridistas que les dan pábulo y les siguen la corriente!

Buenas tardes a todos. HALA MADRID.

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