Cuestiones personales, por @elcarrildel2

Sigue coleando, y de qué manera, la primera edición de la gala de la FIFA, en la que se ha entregado el premio “The Best”, al mejor futbolista del año 2016, y que como ya todos saben ha recaído en el astro portugués del Real Madrid, Cristiano Ronaldo.

El triunfo ha sido, como resultaba inevitable a la luz de lo vivido, rotundo, absoluto, por mayoría más que abrumadora. Nada menos que el premio número dieciséis que recibía Cristiano por el año que él mismo ha definido como el mejor de su carrera. Premios de todo tipo y condición, otorgados en los cuatro puntos cardinales del planeta, reconocimiento unánime a un jugador de época que quedará para los anales en el podio de los más grandes.

Todo lo anterior ha sido perfectamente entendido, y asumido, por aquellos que seguimos y miramos al fútbol con pasión, desde la óptica que cada uno ocupe en cada momento: aficionado, jugador, ex jugador, entrenador…o periodista. También estos últimos van entrando por la vereda de la realidad incuestionable, que no es otra que el magnífico año que nos ha ofrecido el Real Madrid, logrando un triplete al alcance de muy pocos privilegiados.

Parece ser que el trabajo de Zinedine Zidane va calando, y que hasta los más irreductibles empiezan a reconocer los méritos del francés, no solo para sonreír en ruedas de prensa o aplacar los llamados egos del vestuario; un vestuario en el que ya rota con naturalidad hasta Cristiano Ronaldo, del que nos habían vendido que no estaba dispuesto a descansar un solo minuto, ni antes, ni ahora, ni nunca.

Y parece ser también que el Madrid ha dejado de jugar a nada, y que sus victorias, al menos algunas, se basan y se cimentan en el buen juego, que resulta hasta agradable a la vista. El hecho de que hasta cinco madridistas aparezcan en el once ideal de la FIFA, o que Keylor Navas haya sido distinguido con el premio a Mejor futbolista iberoamericano 2016 por la Agencia EFE, viene a significar que los aires viran hacia nuevos derroteros, esos en los que Zinedine Zidane ha demostrado saber moverse con soltura, al punto de ser capaz de llevar al equipo a no perder ninguno de sus últimos treinta y nueve partidos, mejorando números y porcentajes de otros que nos quisieron vender como los inventores del fútbol o la perfección hecha entrenador.

Bienvenidos sean, que ya dice la Bilblia que los últimos serán los primeros, Mateo 20:16, lo cual no debiera entenderse como permiso para que se arroguen méritos que no les pertenecen. En cualquier caso, y como la dicha nunca puede ser completa, siempre nos quedará, como rescoldo ardiente de los tiempos oscuros que parece que empiezan a periclitar, el grupito de los irreductibles, gentes con tan poca sabiduría, escasa clase y nulo estilo que son incapaces de reconocer el más mínimo mérito al contrario (bien podríamos decir enemigo), y que no dudan en anteponer sus demonios y cuestiones personales a la realidad palmaria del año soberbio del Real Madrid y de su futbolista Cristiano Ronaldo.

No debemos preocuparnos. En su pecado llevarán su penitencia.

Buenas tardes a todos. HALA MADRID.

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