Cristiano, los pitos y las campañas, por @elcarrildel2

Me ha dado por mirar la clasificación de goleadores de la liga española, y veo que el máximo realizador de la misma lleva 16 goles. El segundo, ha anotado 15, y Cristiano, ese futbolista viejo, acabado, en caída libre, que no se va de nadie y que es una sombra de lo que fue, ha anotado trece. Y eso, con un partido menos, es decir, que como se descuiden los cofrades, cae el hat trick de rigor y se pone líder, para dolor de muelas, o de corazón, o de ambos, de los muñidores de la campaña permanente en contra del jugador luso.

Sin necesidad de ir más lejos, resulta que lo único trascendente del pasado fin de semana en el fútbol español, han sido los pitos a Cristiano. Los cuatro puntos de distancia del Madrid con el segundo, que pueden ser siete, pecata minuta. El pase en el primer gol a Kovacic, y el segundo gol del Madrid, con ese gesto técnico maravilloso del portugués, detalles prescindibles. El arranque en la jugada del tercer gol, en balón conducido por Cristiano, poca cosa para merecer la atención de tan doctos (en fútbol) personajes.

No debemos, ni deben, engañarnos. La táctica de Zidane, la alineación, el juego de los contendientes…todo eso son males necesarios que deben soportar algunos para llegar al motivo real de su presencia en el Estadio Santiago Bernabéu: medir el volumen y la magnitud de la pitada a Cristiano Ronaldo, en primer lugar, y a Benzema y al resto, a continuación. Eso es lo que da para encuestas a la salida, y para los programas de toda la semana.

Hace ya mucho tiempo que muchos aficionados advertimos el cuento, y lo dejamos de escuchar. Por desgracia, queda todavía mucho camino por recorrer. Muchos son los que, declarándose aficionados madridistas, y quiero entender que sorprendidos en su buena fe, creyéndose a pies juntillas el argumento, se ponen a silbar a Cristiano, o a Benzema, o a cualquier otro ya en el minuto uno de partido, ese en el que, según nos cuentan, no se pueden pitar penaltis, pero si silbar a discrección.

Para eso también tienen explicación. Si de silbar a uno de los nuestros se trata, es debido a que el público que acude al Bernabéu es muy exigente. Aquí, nos dicen, se ha silbado a muchos muy buenos. Y los bienintencionados se lo vuelven a creer. Mira lo que nos dicen, que somos muy exigentes. Así pues, al siguiente fallo de uno del Madrid, a silbar más fuerte, por aumentar el nivel de exigencia.

Claro que cosas más raras se ven en nuestro estadio. Hay ocasiones en que, sin venir a cuento, ni saber por qué, esos mismos exigentes, le dan una ovación a contrarios que nada han tenido que ver jamás con el Madrid, a los que nada tenemos que agradecer. En esos casos, se trata del sempiterno y manido señorío, que es otro viejo cuento que agitan los antimadridistas con relativa frecuencia, y que algunos, por desgracia, se siguen creyendo a pies juntillas. Entonces el público del Bernabéu no es exigente, es entendido.

Y mientras otros defienden a los suyos en cualquier momento y situación (problemas extradeportivos incluidos) y la prensa nos canta las excelencias de la afición de enfrente (donde no escucho a nadie silbar a los suyos, por cierto), los exigentes achacan falta de actitud a un tipo que ha ganado con y para el Madrid, en siete años y medio, diez títulos colectivos, varias decenas individuales, y marcado cuatrocientos goles. 

Buenos días a todos. HALA MADRID.



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