La Décima, el mejor día de mi vida, por @AleelMadridista

En estos tiempos tan duros que corren, en los que el fútbol es lo de menos y estamos todos a otras cosas más importantes, he sacado este rato de mi cuarentena para escribir acerca del mejor día de mi vida, que corresponde al 24 de mayo del 2014.

¿Qué pasó ese día? Pues como todos recordaréis ganamos la Décima Copa de Europa. Esta era nuestra obsesión. Todas las temporadas era nuestro objetivo, pero durante once años estuvimos quedándonos por el camino.

Al recordar esa fecha se me ponen los bellos de punta y los ojos lagrimosos. Era todo un reto, un desafío y desde que tengo uso de razón soñaba con ver a mi equipo ganar una Copa de Europa. Mi padre y mi abuelo, las dos personas que me inculcaron el madridismo, siempre me hablaban de esta competición. El más mayor, me comentaba las hazañas de Gento, Puskas y del más grande, Alfredo Di Stéfano.

Por su parte, mi padre siempre me hablaba del 20 de mayo del 98. Día de la séptima. Me dice que esa fecha jamás la olvidará y que no habrá Copa de Europa que iguale a la que ganamos en Amsterdam. Siempre, cada vez que caíamos eliminados de la Champions, me decía para consolarme: “hijo, no te preocupes, yo estuve 32 años sin ver al Madrid levantar la orejona. Tú, tardarás menos”.

Pues bueno, nuestra sequía por Europa, y la de mi generación de madridistas en particular, finalizó el 24 de mayo del 2014. Esa temporada hicimos una Champions perfecta. Pasamos como primero de grupos, goleamos al Schalke 04 en octavos, sufrimos pero nos clasificamos ante el Borussia en cuartos e “incendiamos” el Allianz en Semis con un inolvidable 0-4. A raíz de ese día estaba convencido de que íbamos a ser campeones de Europa. Aunque aún quedaba lo más difícil. La final ante el Atlético de Madrid.

En la semana del partido, solo pensaba en la final. Iba a clases y solo hablaba del encuentro con mis amigos madridistas, aunque la verdad es que es la semana más larga que he vivido en mi vida.

Tras pasar unos 7 días con el encuentro en mi cabeza, por fin llegó el día del partido. La noche previa no pude ni dormir. Nada más hacerse las 8 de la mañana me levanté de mi cama y me puse mi camiseta y bufanda del Real Madrid. Luego me fui al ordenador y opté por poner cánticos de nuestro equipo para ir animándome.

Es ahora cuando recuerdo que mi padre me dijo de ir a ver un partido de mi hermana por la mañana para despejarnos un poco.  Y le hice caso. He de decir que vi muchas camisetas del Real Madrid por la calle, lo cuál me arrancaba una sonrisa, pero también me ponía un poco más nervioso.

La tarde se me hizo larga. Me metía en las redes sociales e interactuaba con madridistas con el fin de hacer más amena la previa al partido. Entre una cosa y otra, se hizo las 20:45 (19:45 en Canarias) y el balón empezó a rodar.

Recuerdo el encuentro con bastante claridad. Quizás porque lo he visto unas cuantas veces ya. Aunque en directo estaba temblando literalmente. Puedo decir que ha sido el partido con más tensión que he visto hasta la fecha.

La final también ayudó para ello, puesto que empezamos palmando. A partir de ahí, el tiempo pasó volando. Recuerdo que la segunda parte la vimos caminando de un lado a otro del salón, ya que de los nervios no podíamos estar sentados .

Sinceramente, no perdía la esperanza, pero una vez alcanzamos el minuto 85, el mundo se me echó encima. Pensé en que de esta no me iba a recuperar. Encima estábamos perdiendo contra los vecinos de la capital. Recuerdo que empecé a llorar de rabia e impotencia. Me vine abajo.

No obstante, ese día comprobé que Dios existe y es madridista. El gol de Ramos lo vi entre lágrimas. Sí, entre lágrimas de tristeza que rápidamente se convirtieron en emoción. La imagen de ese remate colándose en la portería del Atlético no la olvidaré jamás. La tengo guardada en lo más profundo de mi corazón.

A partir de ahí empecé a gritar corriendo por toda la casa. Mi padre y yo nos dimos un abrazo como nunca nos habíamos dado. Y a partir de ahí todo fue celebración. Tenía claro que íbamos a ser campeones de Europa.

Con el gol de Bale acabé con mi padre por los suelos. Con el de Marcelo ya reventé una vez más a llorar, porque era el tanto que sentenciaba el partido. Y con el de Cristiano opté por ir eufórico a por el champagne que teníamos en la nevera. La décima era una realidad y nada más pitar el árbitro, me abracé entre lágrimas a mi padre. Este me dijo: “Hijo, aquí tienes tu séptima”.

Mereció la pena esos años por el desierto en Europa. Al fin, la recompensa de la Décima llegó de la mejor manera posible. De la celebración, solo puedo decir que esa noche no dormí y tampoco pisé mi casa. La ocasión lo merecía. Era mi primera Champions desde que tengo uso de razón y había que festejarla como se merecía.

Y así, queridos lectores, fue el mejor día de mi vida. Esa fecha que siempre llevaré conmigo en mi corazón hasta que me muera. Bendito 24 de mayo del 2014. Bendito Estadio Da Luz.

¡BENDITA DÉCIMA!

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